Tiempo...


Una mirada, una sonrisa... pueden durar un segundo, y ser recordadas para toda una eternidad. Son los momentos de dolor y alegría, del rechazo o de la aceptación, del éxito o del fracaso. Son esos momentos efímeros los que nos perpetúan en el tiempo. Puedes estar veinte años huyendo de un recuerdo y levantarte al cabo del tiempo, una mañana cualquiera, con la misma sensación en el estómago que tuviste el primer día. El tiempo es capaz de olvidar, pero también de recordar. Y todo para qué? pues en mi caso, para escribir este comentario, un día cualquiera después de muchos años de empezar a descubrir que a la naturaleza que nos rodea sigue sin importarle nuestra presencia. Cualquier día nos desahucia del planeta, sin más.
Hay personas que han esperado 44 años al nuevo triunfo de la selección española, otros seis años para poder volver abrazar a Ingrid, alguno muchos más para poder entender el mundo que les rodea... y así nos va. Tic, tac... el tiempo pasa? desde luego pesa, pero a ciertas personas les sigue sin afectar, y demuestran la misma inmadurez de hace 20 años. Otros han madurado demasiado y son extranjeros en su propia vida. Hay veces que las canciones perduran en el tiempo, unas veces en la radio y otras en los corazones de neófitos musicales o melómanos de viejo enardecimiento. La cuestión es: sirve el tiempo para entender mejor el mundo? pues hasta que se demuestre el viaje en el tiempo, quizás sí.
Sólo hay una variable que ha servido tanto al ideal humano como el tiempo: la esperanza. Seguiremos viendo el tiempo pasar? yo solo espero poder hacerlo mientras comparto mis segundos con todas esas personas que realmente me importan, y si esto es una ensoñación o fabulación febril, espero que al menos dure hasta mañana. Carpe diem ad æternum
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