jueves, 10 de abril de 2008

Detrás de la cortina

Detrás de la cortina se esconde Violeta. La luz del día rompe el cristal con su fulgor anodino, frenado por el cortinaje oscuro del salón principal. La casa de Violeta es un poco más grande que la de los demás niños, por lo menos eso dicen en el colegio. También dicen que es rica, y que de mayor no tendrá que trabajar, pero Violeta no entiende nada. Sólo tiene cuatro muñecas favoritas, y a una se le empieza a romper el brazo izquierdo; y no, por más que mira en las habitaciones no encuentra oro ni diamantes, ni tesoros del pirata Patacoja... no ve la riqueza por ningún lado. Si hasta los grifos del baño son de los viejos, de dos mandos en vez de esos metálicos y relucientes del colegio, de un solo mando. No tenía que hacerse mayor para trabajar, esa misma semana le había costado mucho pintar tres dibujos del cuaderno y escribir el nombre de los animales de la selva.

Su muñeca favorita es Clara, la que lleva siempre encima y aprieta contra su pecho cuando se siente agobiada por los comentarios de los demás niños. También dicen que sus padres son mejores, y que pueden viajar, y que su coche es más caro y por lo tanto mejor; pero ella no ve por ningún lado la diferencia, al contrario, cree que echa más humo negro que los demás coches, y su tamaño le parece desproporcionado. Es como si la dijeran que es más bonito un elefante que un cisne, por Dios, todo el mundo sabe que la belleza se encuentra más concentrada en las pequeñas cosas que en las grandes!.

Violeta no sabe que les pasa a los demás niños. A veces se ríen de ella, la llaman ricachona y ledidí, que debía ser alguien con mucho dinero cuando sus padres eran jóvenes. Sin embargo, cuando van las madres de las demás a buscarles al colegio, tiene envidia. María es la encargada de recoger a Violeta del colegio, y nunca supo que parte de la familia era. Sus padres la dijeron algo de una criada, pero ella también una cría, no entendía el sentido de las palabras; era su hermana? creía que no, porque muchas veces era antipática, y nunca quiso jugar con sus muñecas. Violeta no entiende el mundo que crece a su alrededor, había cumplido cinco años, y ahora solo la quedaba la cortina. Apretaba a Clara contra su pecho y pensaba en los demás niños, en todo lo que la decían, desde que era afortunada hasta los insultos. Cerró los ojos y apretó al boca, el último grito de la habitación ha cesado, y empiezan los golpes, como siempre.

Serían los papas de los demás como los suyos? si ella era una privilegiada, serían peores? Violeta no quería los tesoros, ni el coche, ni la casa; sólo quería que no hubiera gritos y empujones en su salón. Clara la entendía, ella no era como los demás niños, ella era una muñeca, y por lo tanto más inteligente, por eso la quiere.

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Por: binfer. Leer los 1 Comentarios

1 Comentarios:

Blogger Fernando escribió...

Pobre Violeta, casi me has hecho llorar de pena, si es que claro está: "Los ricos también lloran", es lo que tiene ser rico. Por eso prefiero ser pobre y feliciano que rico y depresivo compulsivo.
Es por esto que yo siempre digo que en la pobreza y la ignorancia está la verdadera felicidad, en ciertos pueblos de África desconocen los conceptos de dinero, estrés, impuestos, euribor, tristeza, depresión, tarde, pronto, propiedad, patrimonio, etc. y está demostrado por psicólogos y biólogos que estos pueblos son los más felices de la Tierra.

17 abril, 2008 23:33    

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